miércoles, 30 de diciembre de 2009

LA HISTORIA DEL NIÑO QUE SE MURIO JUGANDO.

LA HISTORIA DEL NIÑO QUE SE MURIO JUGANDO.

TRANSCRIPCION SEMIBIOGRAFICA, DE UNA HISTORIA A MODO DE CUENTO.
EN LA CIUDAD DE NUEVA YORK, A PRINCIPIOS DEL SIGLO XX. HABIA UN NIÑO VENDEDOR DE PRENSA POR UNA GRAN AVENIDA DEL CENTRO.
UNA MUJER ADINERADA, QUE USABA GRANDES SOMBREROS DE LA EPOCA Y QUE SIEMPRE CIRCULABA CON SU COCHE FORD DESCAPOTABLE, PODIA CONSEGUIR LA PRENSA DE AQUEL NIÑO.
SE LE HACIA CAPRICHO ELVERLO Y DARLE TAMBIEN UNAS MONEDAS.
TANTO SU ESPOSO COMO EL CHOFER, QUEDABAN EXTRAÑADOS ANTE EL INTERES POR AQUEL VENDEDOR.
UN DIA LA SEÑORA, DECIDIO TENER UNAS PALABRAS CON EL NIÑO. EL RESULTADO FUE EXITOSO. SE LLAMABA JAIME, TENIA 12 AÑOS, Y ERA HUERFANO. ESA ERA SU VIDA. HABIA SIDO ABANDONADO AL NACER. CUIDADO POR UNA MUJER ALGUNOS AÑOS, Y QUE AL FALLECER…
LA CARIDAD DE LA BUENA MUJER, EMPEZO A HACERSE REALIDAD. APOSTO POR EL, YA QUE PASABA PENURIAS Y NECESIDADES. LE INVITO, A UNA REUNION DE FE Y CARIDAD, Y QUE HACIA DE UNA LABOR MAS QUE SOCIAL.
EN LA ESCUELA DOMINICAL Y DE CATEQUESIS, MAS O MENOS LOS NIÑOS SABIAN LEER, PERO JAIME NO LEVANTABA LA CABEZA,-TIMIDAMENTE SONREIA-, NADIE LE HABIA ENSEÑADO, NI HABIAN TOMADO POR EL, EL MAS MINIMO INTERES
LA DISCRECCION DE LA MUJER, GANO SU AFECTO, Y AL ACABAR, UNA VEZ QUE SE MARCHARON TODOS LOS NIÑOS, JAIME COMENZO A APRENDER.
1, 2, 3, Y 4 FUERON SUS PRIMERAS LECCIONES, JUNTO A CUATRO PALABRAS, DIOS, ES, MI, PASTOR.
JAIME CON SUS OBSERVADORES OJOS, POR PRIMERA VEZ, SABIA DE UNA CARICIA. PONIENDO SU MANO IZQUIERDA Y SEÑALANDO DEDO POR DEDO, SONREIA. LA MAESTRA LE EXPLICO, QUE EL ERA UNA OVEJITA, QUE SIEMPRE QUE HAY PROBLEMAS, PORQUE PUEDE VENIR EL LOBO, AL LADO DE LA OVEJITA ESTA EL PASTOR, EL BUEN PASTOR.
SE DESPEDIAN, CUANDO JAIME CONTENTO E ILUSIONADO, MARCHABA PROMETIENDO VOLVER EL SIGUIENTE DOMINGO.
LLEGO EL DOMINGO Y JAIME NO APARECIO.
SE COMUNICO QUE EL NIÑO VENDEDOR, HABIA SUFRIDO UN ACCIDENTE AUTOMOVILISTICO.
RAPIDAMENTE AQUELLA MUJER, VISTO EL HOSPITAL DONDE JAIME HABIA SIDO INGRESADO.
NADA MAS VER JAIME A SU MAS QUE AMIGA, LE SONRIO, Y SACO UNA DE SUS MANOS Y CON LOS DEDOS EXTENDIDOS, LE REPITIO LO QUE ELLA LE HABIA ENSEÑADO.
-QUE LISTO Y QUE GUAPO ERES- JAIME, NO SE TE HA OLVIDADO.
¿SABE SEÑORA, QUE EL TERCER DEDO ME GUSTA MAS QUE LOS DEMAS?
¿POR QUE? – PREGUNTO LA SEÑORA.
PORQUE NUNCA HE TENIDO NADA, NI PADRE, NI MADRE… PERO AHORA TENGO UN DIOS QUE ES MIO. YO SOY UNA OVEJITA, USTED ME LO DIJO.
LA SEÑORA SE DESPIDIO, PROMETIENDO VOLVER AL DIA SIGUIENTE.
Y CUANDO AL DIA SIGUIENTE LLEGA, JAIME YA HABIA FALLECIDO.
LA ENFERMERA LE CONTO, QUE AUNQUE EL NIÑO ESTABA DEBIL, TODA LA NOCHE, REPETIA CUATRO PALABRAS…DIOS ES MI PASTOR.
Y LE CONTO, QUE CUANDO LEVANTARON EL CUERPO DEL NIÑO, TENIA COJIDO EL TERCER DEDO DE LA MANO IZQUIERDA, CON LA DERECHA.
ES UNA HISTORIA. TAL VEZ NO NECESITE MORALEJA.
ES HISTORIA Y COMO TAL HA DE SER LEIDA.
HUMANISTA ANTONIO MARTINEZ DE UBEDA LINDEN
HUMANIST AMDEU LINDEN
DE LA COLECCIÓN A MODO DE CUENTO.

WWW.DDDINTERNACIONAL.COM

lunes, 21 de diciembre de 2009

leer

Humanista
Poeta
Politico
Altruista
Escritor
Analista

jueves, 29 de octubre de 2009

jueves, 1 de octubre de 2009

PARABOLA DEL HIJO PRODIGO

PARABOLA DEL HIJO PRODIGO

Dijo además: —Un hombre tenía dos hijos.
El menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte de la herencia que me corresponde.” Y él les repartió los bienes.
No muchos días después, habiendo juntado todo, el hijo menor se fue a una región lejana, y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente.
Cuando lo hubo malgastado todo, vino una gran hambre en aquella región, y él comenzó a pasar necesidad.
Entonces fue y se allegó a uno de los ciudadanos de aquella región, el cual le envió a su campo para apacentar los cerdos.
Y él deseaba saciarse con las algarrobas que comían los cerdos, y nadie se las daba.
Entonces volviendo en sí, dijo: “¡Cuántos jornaleros en la casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!
Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y ante ti.
Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.”
Se levantó y fue a su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre le vio y tuvo compasión. Corrió y se echó sobre su cuello, y le besó.
El hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y ante ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.”
Pero su padre dijo a sus siervos: “Sacad de inmediato el mejor vestido y vestidle, y poned un anillo en su mano y calzado en sus pies.
Traed el ternero engordado y matadlo. Comamos y regocijémonos,
porque este mi hijo estaba muerto y ha vuelto a vivir; estaba perdido y ha sido hallado.” Y comenzaron a regocijarse.
Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando vino, se acercó a la casa y oyó la música y las danzas.
Después de llamar a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.
Este le dijo: “Tu hermano ha venido, y tu padre ha mandado matar el ternero engordado, por haberle recibido sano y salvo.”
Entonces él se enojó y no quería entrar. Salió, pues, su padre y le rogaba que entrase.
Pero respondiendo él dijo a su padre: “He aquí, tantos años te sirvo, y jamás he desobedecido tu mandamiento; y nunca me has dado un cabrito para regocijarme con mis amigos.
Pero cuando vino éste tu hijo que ha consumido tus bienes con prostitutas, has matado para él el ternero engordado.”
Entonces su padre le dijo: “Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas.
Pero era necesario alegrarnos y regocijarnos, porque este tu hermano estaba muerto y ha vuelto a vivir; estaba perdido y ha sido hallado.”